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Reflexiones desde el Ateneo sobre la situación de Cádiz y su Bahía

 
El Ateneo Literario, Artístico y Científico de Cádiz viene desarrollando su labor altruista desde el año 1858; cumpliremos, por tanto, 155 años de continuado esfuerzo y compromiso con nuestra ciudad. Los diferentes presidentes, juntas directivas y ateneístas, a lo largo de esta amplia historia, han intentado ser el mejor estímulo para la ciudad. Por supuesto, desde diferentes enfoques y formas de entender nuestra sociedad, pero siempre imbuidos de un espíritu, en gran medida heredero del constitucionalismo del Doce, que ha permitido desplegar una gran capacidad de agregación y respeto a los diferentes sentimientos e ideas.

Después de conmemorar el Bicentenario de aquella importante, pero efímera, Carta Magna, queremos reflexionar sobre la situación de declive y decaimiento económico y social que percibimos en nuestra Bahía.

El año 2012, pudo ser una autentica oportunidad para situarnos en el mundo y buscar soluciones a dicha languidez, posibilitando un cambio en las actitudes y en los desencuentros y, generando un claro y potente despegue para un futuro cierto.

Desde el Ateneo hemos intentado colaborar aportando reflexión e intentado arribar caminos e ilusiones, siempre desde una perspectiva conciliadora y regeneracionista. Seguimos pensando que muchos proyectos están inconclusos, a pesar del esfuerzo de muchas instituciones. De ahí, la necesaria reflexión.

Cádiz ha ido perdiendo progresivamente potencia y entidad geoeconómica. Su Bahía se ha ido convirtiendo en un ente demográfico sin clara coordinación y con innumerables desequilibrios, generándose injusticias, en ocasiones, con duras reivindicaciones.

Por otro lado, la falta de cohesión y compromiso de la sociedad civil gaditana junto con la paulatina pérdida en los últimos años de su clase media, el dañino impacto del desempleo, la pérdida de cualificación profesional, el deterioro en algunos servicios y la cada vez más preocupante emigración juvenil han ido deteriorando aún más el tejido social y económico, ralentizando las soluciones demandadas. La indiferencia por cambiar las cosas y una falta de corresponsabilidad de los propios ciudadanos, achacando los problemas habitualmente a la política, unidos a los permanentes enfrentamientos partidarios, no son ni mucho menos, las condiciones idóneas para mejorar las expectativas de esta ciudad y su entorno.

Con la autoridad moral y el compromiso que representa ser Medalla de Oro de la ciudad y, desde nuestras numerosas colaboraciones con otras instituciones y entidades, trataremos aquí, desde nuestra perspectiva, diagnosticar los grandes problemas que nos afectan y señalar posibles soluciones. Algunas parecen obvias, pero, también, parecen olvidarse y diluirse en la confrontación política diaria.

1.-La geografía ha marcado nuestro origen, oportunidades y fortalezas. Por ello, históricamente, nuestra vinculación al mar ha sido el mejor exponente de nuestra riqueza. No en vano el declive socioeconómico de la ciudad, ha ido parejo, en gran medida, a la pérdida de valor y entidad económica de su Puerto. Cádiz ha estado arriba cuando su Puerto ha sido referencia. Por ello, es necesario conseguir potenciar y mejorar la capacidad y competitividad portuaria de Cádiz y su Bahía. Es necesario, también, un desarrollo racional, una correcta logística de emplazamiento y una adaptación a las circunstancias de la industria naval.

2.- Un término municipal tan reducido en superficie y los cambios en la situación actual de su hinterland cercano, no permiten que las oportunidades tengan que entenderse solo circunscritas al mismo. La pérdida continuada de población que fluye, en gran medida, hacia las poblaciones circundantes, con la alarmante inversión de la pirámide de población, reduce al máximo su capacidad para enfrentarse a los nuevos retos que demanda su estratégica posición. Por ello, la capital debe articularse con su extensión próxima de la Bahía, entendiéndose desde el punto de vista socio-económico y político como un todo. No entendemos como la ordenación del territorio de la Bahía no dispone ya de una declaración de Área Metropolitana. Esta cuestión persistentemente demandada ha sido siempre arrinconada. Las sinergias industriales y de servicios, junto a la fuerza de la agregación poblacional, supondrían una fortaleza y un cambio positivo para todas sus ciudades, especialmente para Cádiz. El liderazgo de este logro le corresponde a ella.

3.-Las infraestructuras deben finalizarse urgentemente: el nuevo puente, el desdoble ferroviario y la consecuente llegada del AVE, la desaparición del peaje en la autopista, el tranvía interurbano, la ampliación del puerto, el intercambiador en la plaza de Sevilla, la mejora del frente urbano portuario, la disponibilidad de terrenos para ofertas empresariales, el nudo del Río San Pedro, el uso de espacios y edificios vacíos, la articulación de las zonas industriales, abaratar y mejorar la logística de los transportes públicos interurbanos etc. harán que Cádiz y su Bahía ofrezcan facilidades, atractivos y posibilidades de inversión.

4.-Las barreras que desde las diferentes instancias existen para el emprendimiento, la nula formación de la juventud bajo el nuevo paradigma de Aprender-Haciendo, junto a una evidente falta de empuje empresarial, impiden un desarrollo de estructuras económicas propias, que se deberían fomentar en gran medida para atraer a un turismo de calidad, aprovechando la singularidad de nuestros valores patrimoniales, permitiendo la creación de empresas y puestos de trabajo en un ámbito de sostenibilidad urbano y metropolitano, que extenderían las demandas en orden creciente.

5.-Nuestra privilegiada y estratégica situación geográfica, puerta de tres continentes, supuso históricamente un modelo exportable de modernidad para Europa y el mundo. Debemos convencernos que nuestro enclave, pese a un mundo cambiante, sigue siendo un lugar de excelentes oportunidades. En cierto sentido este hecho ha sido reconocido por la reciente Cumbre Iberoamericana, con propuestas compartidas por este Ateneo, que han señalado a Cádiz como sede de determinados organismos internacionales. Iniciativas que no pueden olvidarse y, que deberán impulsarse desde la política nacional, autonómica y local de forma clara y contundente. Así, la deseada declaración de Cádiz como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO nos situaría en esos circuitos de referencia patrimonial y turística. La obligación de liderar este proyecto pertenece al Ayuntamiento, aunque con la necesaria implicación y apoyo de la sociedad civil.

Estos cinco puntos se deben convertir en los pilares fundamentales para el desarrollo de programas de formación, jornadas, estudios y debates, coadyuvando en articular las políticas de desarrollo de nuestra Bahía.

Al menos, así lo vemos desde el Ateneo de Cádiz, donde creemos que los mayores logros se producen por la continuidad de las aportaciones individuales. Esa forma de entender el progreso basado en el consenso, en la diversidad cultural y en el conocimiento constituye la base del desarrollo socioeconómico de las sociedades más avanzadas.

Estamos convencidos del potencial de los ciudadanos de Cádiz para poder alcanzar estos objetivos. En facilitar su desarrollo empeñaremos todos nuestros mejores esfuerzos.

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